sábado, 9 de septiembre de 2017

¡Nueva sección!


Durazno en flor. Foto por Kadannek.

Desde que tengo memoria me encantan los productos y preparados naturales para cuestiones de salud y belleza. Tanto por mi área profesional como por mi búsqueda para mejorar algunas problemáticas cutáneas, me he visto motivada a estar constantemente investigando sobre recetas, herramientas y elementos que ayuden al cuidado personal, desde opciones muy accesibles y populares en el mercado hasta líneas más especializadas, pero por sobre todo, naturales. En este proceso de buscar las mejores opciones, tanto para el bolsillo como para las necesidades individuales de algunos familiares, amistades, pacientes o mías, confirmé que los resultados más óptimos los dan los productos naturistas. Algunos son lentos según las afecciones particulares o la constancia de la persona, y otros actúan muy rápido y de raíz. Hay muchos factores en juego, ya que además de los mencionados, se suma la calidad de lo que te apliques y la manera en que lo hagas.
Esta temática me interesa muchísimo, es por ello, que abriré una sección donde compartiré algunos reviews o reseñas de productos y recetas orgánicas para quien se sienta interesado por probar o interiorizar en esto. Podrán encontrar todos los artículos venideros bajo la etiqueta de: "Reviews y recetas naturales"

Sólo como adelanto, en las próximas entregas les hablaré sobre algunas mantecas naturales, aceites vegetales u orgánicos y aceites esenciales. 

Espero les guste y les sirva. 

¡Y no dejen de compartir sus propias "fórmulas mágicas" para que entre todos ampliemos esta información y la ayuda sea mayor!

jueves, 13 de julio de 2017

Peregrinaje de Invierno



Autor de la foto desconocido. 

Algún día lograré dignificar al Invierno con mis palabras, así como él me honra con sus dotes arcanos de mago, maestro incorpóreo, pero palpable en su obra; en la natura que transforma.
Algún día me adentraré plenamente en sus códigos secretos, en su savia mística, en su abrazo sacrosanto.  

El Invierno es un espíritu indomable, de voz profunda y equidistante, que emerge de todas las profundidades y alturas más insospechadas. Es Amo y señor de ese insondable estado interior que él mismo provoca en ti, en el que te permites ir a tus anchas, en su cauce abierto. 

¡No te le resistas!, no le ganarás a una bestia embravecida con perfume penetrante a hierba húmeda, luchar es contienda perdida; sé sabio y déjate abrazar por ese velo frío de su tacto que hará suyos tus enigmas y temblores, en una catarsis invernal. Él es custodio de confesiones profanas y deseos elevados a la vez. Testigo de desvelos, añoranzas y sueños rotos. Por ello, esta temporada, es el mejor momento para caminar hacia adentro guiado por su estela, sumergirse de lleno, sin prisa pero sin pausa, en el abismo de tu ombligo a su compás. ¡Reconoce hoy tu laberinto interior, tu fuego, tus vísceras!, a ese villano que a veces escuchas y a esa cría vulnerable a la intemperie que te habita... Y que él observa.

El Invierno no te sacudirá ni te desenfrascará de tu mundo, te obligará a sufrir y romper en llanto silencioso desde la fibra más íntima y sensible que posees, para que descubras por ti mismo, que la ruta del dolor y el martirio llegan a ser inútiles si no transmutas. 

...Si algún día logras unificar tu latido con el ritmo de esta estación, me podrás acompañar en este disfrute melancólico y dulce de vivenciar al Invierno, en el que soy la rueda etérica y silente de esta época siguiendo su propio paso sin tregua; haciendo mías sus lluvias, su viento y sus mantras, proyectando mis procesos en sus ciclos, pacíficamente, en la plenitud de su peregrinaje...

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También te invito a leer suspiros invernales en mi blog principal.


miércoles, 17 de mayo de 2017

El Otoño en mí



Es probable que mis más cercanos sepan, que mi estación favorita del año es el Otoño, pero a lo mejor no saben que hay algo en él que me subyuga tanto en cuerpo como en alma. Se siente como si fuese una magia aromática prolongándose, indomable. Va más allá de un predecible cambio en el clima; se trata de una sensualidad que envuelve no sólo los sentidos físicos, sino que se instala, perenne, dentro de mí; me hace sentir etérea y atemporal. El viento, el frío, la lluvia hipnótica y las hojas vacilantes, todo late, ahora, en mí, como si nunca fuese a cesar. No importa en qué momento del año me encuentre, siempre soy Otoño, siempre le anhelo y siempre le busco. Evoco sus paisajes serenos en mi mente con insistencia, en las fuscias secas que guardé en un cuaderno con reflexiones aleatorias, o en el recuerdo de fotos que tomé durante una caminata a solas, en una tarde muy callada. Esa es la gracia de estos días, tocar las fibras más íntimas y vulnerables de la vida, adormecer el mundanal ruido y llevarnos a esa tranquilidad susurrante de la esencia natural. Conectar con esos elementos que hablan desde la profundidad del mar y la roca, de la montaña y la cueva, desde la arboleda o la humedad de la hierba.



Al contrario de la mayoría, que le da una connotación muy triste y desesperanzadora a los fenómemos naturales que ocurren en esta época, yo veo una calmada dignidad en cada hoja  seca que se desprende, siento un suspiro profundo en cada flor que se marchita, cual dulce abono para la tierra, y oigo un grito de esperanza en los enrojecidos atardeceres. Todos, signos de renovación futura. 
El mecimiento de los árboles en suave compás, los vientos inquietos, el crujir de las hojas bajo los pies, las tonalidades enardecidas del cielo, las nubes voluptuosas, las intensas lluvias inesperadas, todo es un regalo milagroso que me conmueve a más no poder.



El Otoño no sólo es una pausa para observar el camino, es la urgente oleada purificadora, en la que respiras hondo, cierras los ojos, caminas hacias adentro y luego te aproximas, limpio, hacia la aventura del presente y el porvenir. Es la oportunidad para reconocer matices nuevos y mejores rutas.

Jamás sufro con el Otoño, pues he aprendido a leer la variedad de sus procesos singulares en mí. Me vuelvo una con él, me tiño con sus marrones, amarillos, rojos, blancos, verdes desgastados y violetas. Esa es la mejor manera de experimentar cualquier época del año, aprender de sus encantos y fluir con ellos.



Las fotografías de esta entrada son de mi autoría, las tomé durante un paseo por las calles de esta ciudad.



sábado, 28 de enero de 2017

La vida de Danco II (Hoy)


Pese a que Danco tuvo una vida llena de decepciones y complicaciones, también sé que en sus años mozos le encantaba ir a correr al parque, era como una gacela, aunque sin su estética esbelta y largas piernas -me río para mis adentros-. Aunque nunca le vi en esos momentos de placentera libertad, seguro que se sentía de lo más emocionado y contento. Ya lo escucho vociferando alegre: “¡Más lejos, corramos más lejos!”, pues sus patas cortas y su pancita de flojo, no le impedirían disfrutar al máximo esa tan divertida salida. Me pregunto, si hubiese sido un niño, ¿luego de correr pediría un helado?, ¿o jalaría afanado la mano de sus padres para que apresurasen el paso, ya que ahí, cerca, hay columpios, una paloma o un árbol curioso que ver? Habría querido que esos momentos de eufórico entusiasmo se hubiesen repetido con mayor frecuencia o que ahora pudiésemos ir juntos a correr… Pero no se puede, sus caderas están debilitadas, su respiración a veces es algo forzosa y me preocupa su corazón. No debe agitarse mucho. Tuve antecedentes de cardiopatía y de asma en mi niñez, así que empatizo con este punto. Por más que quisiera correr lejos, me cansada, como sé que hoy le pasaría a Danco. Por eso es bonito verle correr feliz cortos tramos cuando alguien le llama, o cuando se emociona porque mi madre ha ido a verle. Él no sabe que ya no está en edad para sobre-exigirse; él mantiene su alma jovial, su esencia pura e intacta como desde el principio de los tiempos. Tiene los mismos ojos grandes, marrones, profundos y expresivos, que te hablan en silencio. Él quiere incondicionalmente, aunque te equivoques, y yo, cada día le quiero más. 
Pero hay dos dudas que me asaltan: Quiero saber “¿Danco, eres feliz?” y “¿Te duele el pasado?”, y aunque sé que los perros no recuerdan de la misma forma que nosotros, tienen memoria y traumas. Para ser justos, sus anteriores dueños trataron, pero no fue suficiente. Algunos de los integrantes le dieron cariño y atenciones básicas, pero se descuidaron demasiado en algunos aspectos. De verdad deseo que esos dolores estén superados, para que viva sus últimos años con la mayor de la paz y felicidad posible...

Una vez escuché o leí a alguien entendido en la temática, decir que los perros y gatos, e incluso otros animales que están cerca de las personas, son nuestros hermanos menores, que están aprendiendo de nosotros, para en una futura encarnación, nacer como seres humanos. Cierto o no, me da para pensar. Ojalá tenga una mejor vida luego, como otro perro, como un caballo, un león, un hombre o una mujer. Sea lo que sea próximamente, espero que halle la dicha, que aprenda mucho jugando y teniendo relaciones interpersonales gratificantes. ¿Nos volveremos a ver? No sé, pero mientras tanto disfruto su presencia hoy; su mirada honesta, su vínculo amoroso y leal, sus patas pesadas y algo malolientes, su obsesión gatuna y su ruidosa forma de comer. 

No sólo es una responsabilidad, es un ser con quien compartir la vida y estoy agradecida de que sea parte de mi hogar. Y además de ello, a mis ojos ¡es un modelo muy guapo! ¿a poco no se ve atractivo en las fotos? ; ) Bueno, bueno… ¿Una belleza exótica? jajaja.



miércoles, 4 de enero de 2017

La vida de Danco I (Su pasado)


En este primer post del 2017, en donde, después de dos años, retorno con fuerza a este blog, esperando que sea un año próspero y placentero en todos los niveles, tanto para ustedes, como para mis seres queridos, para mí y para el ecosistema, que al fin de cuentas es lo que nos mantiene existiendo.

Hoy les quiero contar sobre alguien. Aproximadamente hace algo más de ocho años nació Danco. Un perro mestizo, abandonado y que daban en adopción. Unos familiares firmaron y se comprometieron para darle un hogar y los cuidados apropiados para una mascota. De cachorro era adorable, pequeñísimo, tanto así, que dormía sobre una pantufla. La primera vez que le vi, aún lo recuerdo, estaba enferma, pero su visita fue tan sorpresiva que casi me hace saltar de la cama. Lo tomé, me lamió el cuello y se quedó inmediatamente dormido en mi pecho, entre mis brazos. Era imposible no enamorarse y querer protegerlo. La primera vez que ladró fue impresionante, causó mucha risa, pero también asombro: “Y pensar que esa es su voz”. Muchas personas no saben interpretar las voces de los perros, creen que ladran de ociosos o peleones, pero la verdad, es que no sólo ladran para comunicarse entre ellos, sino con nosotros. Sus ladridos son alertas sobre algo que los mantiene inquietos, avisan si alguien se aproxima, se emocionan, te saludan, pero también amedrentan a quien ose interrumpir en sus dominios.

Danco no ha tenido una vida fácil. No vivió aquí, sino en otra casa, en donde no fue comprendido ni respetado. Le pegaron, le gritaron, le dieron escobazos, lo humillaron amarrándolo con una soga de medio metro. Un par de veces lo echaron a la calle, en donde fue atacado por dos perros grandes y agresivos, le pasó un camión por encima dañando sus pulmones, y para variar, él volvía siempre a casa, “con los suyos”, pasando noches enteras a la intemperie, asustado, esperando que alguien llegara y le abriera la puerta. Por problemas entre las relaciones de sus “cuidadores”, intentaron llevarlo a la perrera, pero por suerte, ésta estaba cerrada. Después, uno de ellos, con su orgullo herido y para dañar a una de las personas que más ha querido a Danco, amenazó con llevarlo a matar. Ustedes me excusarán, pero no perdonaré a esta persona por siquiera haber intentado semejante crueldad. Y después de toda esa barbaridad, llegó a mi casa el año pasado, jadeando de estrés, con las pupilas dilatadas, orinándose de los nervios, con una gripe que por no ser cuidada se transformó en una enfermedad respiratoria, que aún hoy, es difícil de sanar. Además de todo ello, es cardiópata, viejo, tiene algo de ceguera nocturna y problemas a las caderas.  Pensar en todo esto, me hace querer llorar de impotencia… Y eso que olvidé mencionar sus alergias cutáneas. 
Al principio fue complicado por las circunstancias en las que llegó. Una de mis hermanas lo fue a buscar, aunque más bien diría “rescatar”, y aunque no teníamos ni el espacio ni las mejores condiciones para él, lo recibimos sin pensarlo dos veces. Y aunque gruñía y parecía un vejete cascarrabias, con el tiempo se ha ido relajando, comprendiendo que no tiene por qué estar a la defensiva. Que nadie lo lastimará, ni abandonará, ni que debe cuidarse de que le roben su comida. Lo único que le faltaba era algo de liderazgo, de guía y de amor, mucho amor.

Hace unos meses, uno de sus ex dueños, tenía la intención de llevárselo a un nuevo sitio al que se mudaba, y aunque es probable que esta vez, sin la intervención de un tercero (el principal agresor) lo cuidaría mejor, nos opusimos con diplomacia. No es necesario, él está bien aquí. Ya no es su perro. Hoy pertenece a otra manada; es parte de mi familia y no sólo una mera mascota. 

Detrás de todo, no sólo quiero que parezca una exposición de quejas -aunque lo sea-, porque finalmente lo que trato de decir, es que no se comprometan a tener una mascota si no están las condiciones, y una de ellas es que si vives con alguien más, éste debe estar de acuerdo con la decisión de tener un animal en casa -además de ti- (bromeo). Porque todo este mal-pasar se debió a un desacuerdo y a una gran falta de responsabilidad. Los perros crecen, cuestan dinero y tiempo. No son un peluche que puede permanecer estático, y tampoco son seres independientes; biológicamente, los perros están hechos para vivir en grupo y no solos. Así que la falta de tiempo no puede existir en tu lista de excusas para ignorarlo.
No te emociones porque “son lindos y alegres”, no son un trofeo para vanagloriarse. Ellos crean vínculos emocionales, sufren duelos, se deprimen, se agobian, se frustran, como todos. 
Primero organiza tu vida antes de incluir la de otro ser en la tuya.