viernes, 21 de junio de 2019

Peregrinaje hacia la oscuridad: Solsticio de Invierno/Yule




¡Y al fin has llegado, amado maestro!, si lo he hecho bien, me abrirás la puerta hacia el misterio, hacia la laberíntica y profunda bóveda de tus ojos, a la cual he de entregarme por entero, sin protestas ni reservas, desnuda e indefensa si quiero adentrarme de verdad. Porque de ti aprendí, que no se puede avanzar hacia nuestro Real Ser con la máscara del día a día; he de caminar sin armas y sin expectativas, para hacer de este viaje, el más honesto en medio de tu noche invernal.

Hoy, en que el Solsticio de Invierno abre una compuerta iniciática hacia el punto más profundo de oscuridad en la naturaleza, en el que el padre Sol parece decaer en fuerza, ¡invoco la presencia de Danu, diosa de la vida, la fertilidad y la luz!, para que me ayude a encender y activar mis soles internos, de donde surge la luz más alta y pura. Ellos serán el farol que me guiará en este peregrinaje hacia adentro... ¡Le daré la bienvenida a las sombras! Reconoceré mis miedos, mis carencias y miserias interiores, enfrentaré mis inquietudes y abrazaré, finalmente, toda mi vulnerabilidad. Iré despacio, sin prisas innecesarias, pero seguiré fluyendo con el ritmo natural de la estación. 

Este día es el más corto y la noche es la más larga…¡Qué la magia de Yule haga lo suyo! No me saquen de este trance hipnótico, porque he oído el llamado del indomable espíritu del invierno. Escucho a los vientos precipitarse en un abrazo sagrado y bestial a mi alrededor. Y sé que el silencio también vendrá en un intento de enseñanza y cobijo... Contemplaré directamente al abismo en mi, veré los reflejos del inconsciente y me desharé de toda carga inútil.

¡Amada y divina Danu! Ven conmigo hacia lo alto. Toquemos juntas la primera brisa de Yule, porque contigo el camino es brillante y seguro. ¡Que la salvia, el pino y el copal junto a tu risa amorosa, y fresco aliento, me envuelvan y purifiquen por dentro y por fuera! ¡Ayúdame a dejar ir como cenizas en la ventizca, todo el dolor, la tristeza y lo insando…! ¡Abro mi corazón al toque materno de tu mano! ¡Qué tu luz me llene y qué tu sabiduría me oriente! Te lo agradezco desde el alma.

¡Feliz Solsticio de Invierno, Feliz Yule!


miércoles, 20 de marzo de 2019

La espiral hacia el equilibrio: Equinoccio de Otoño/Mabón



Casi no puedo ni quiero controlar esta alegría indomable que me enciende por dentro; estoy envuelta en hojas de colores desgastados, que caerán una a una con la brisa fresca de la mañana, viajarán en paz con el viento suave de la tarde y abonarán la tierra al anochecer. Mi cuerpo hoy se permite sacudir las miserias, las tristezas y el dolor, ¡me entrego al desapego y al abandono! dejo ir lo que ya no es útil, para integrar con ternura y gratitud lo que experimenté, vivencié y aprendí en este ciclo. Me despido del Verano como de un amigo con el que logré reconciliarme y le digo: “Gracias, gracias por la luz, por el calor, por haber desesperezado todo este hemisferio del planeta, gracias por la fruta y la semilla, por el canto de las aves en cada amanecer, gracias por procurar un césped verde en el cual recostarse, y una tierra firme por la cual caminar. Gracias por la diversión y la alegría expandida. Gracias por energizarme y también, por enseñarme sobre mis límites y cómo superarlos."

¡Hoy es un gran día!; se abre la puerta a la espiral que nos lleva a caminar hacia adentro, al reencuentro con el balance entre el sol y la luna, a integrar nuestros polos, en dulce invitación para volver a hallar nuestro centro y en él, reconocernos por entero. El equinoccio de Otoño, es la entrada al equilibrio, por eso día y noche duran lo mismo. ¡En esta oportunidad reconozco tanto la luz como la oscuridad en mí! me preparo con valentía y entusiasmo para el peregrinaje que ha de venir en la siguiente estación y, nos llevará hasta el punto máximo de oscuridad y ensimismamiento cuando llegue el Solsticio de invierno.

¡Hoy canto, celebro y agradezco la segunda cosecha del año, en la cual los granos ya no son tiernos, sino abundantes y madurados!. ¡Alabo e invoco desde mi corazón a la Gran Madre Tierra y a la dama de la cosecha para que juntas festejemos Mabón!. ¡Escuchad en mi latido el llamado de amor que hago a la naturaleza! Me uno en ti, ¡Gran Madre Tierra!, me enraízo desde los pies hasta las profundidades de tu útero, conectándome a tu núcleo diamantino de lava, permito fluir la magia de mi manantial uterino liberando mi poder femenino, enciendo el fuego sagrado en el sol vibrante de mi vientre, manifiesto la sabiduría purificante del aire en mi corazón y a través del éter en mi centro laríngeo expreso la verdad de mi ser con la fuerza de mi voz. Así elevo con tu ayuda todos los elementos de mi interior hasta los ojos del espíritu en mi frente, en paz y equilibrio, para finalmente conectar por mi coronilla hasta el cielo.
¡Siento toda la naturaleza en mí!, el Sol y la Luna, los elementos, la luz y la oscuridad, mi fuerza masculina y femenina vibrando. Soy la armonía, la alegría, la profundidad y la conciencia en su máximo estado. Y desde este estado ¡me proclamo en equilibrio absoluto!, todo fluye serena y naturalmente en mí; las oportunidades vienen, la prosperidad me envuelve, la abundancia me regocija, el aprendizaje llega. Así puedo compartir y disfrutar la vida en plenitud, en completo bienestar.

Pido ayuda para que todo esto se manifieste aquí y ahora para mí y mis seres queridos. Y también solicito la sabiduría necesaria para mantener este balance y armonía en la vida. 
Gracias, gracias, gracias por tanto amor.


miércoles, 27 de febrero de 2019

Aprendizaje estival



Quisiera enamorarme del Verano, hablar tierna y felizmente de su oleaje caluroso, que te envuelve de forma tempestiva. Decir, sin lugar a dudas y sin quejas, que se trata del fuego de mi amante manifestado en la naturaleza misma. Que los intensos rayos del Sol y su implacable luz, es un mensaje universal para apartar, así sea momentáneamente, las sombras del mundo.
...Pero no puedo negar, que la languidez hace de su presa a mi cuerpo, que el tiempo se mueve con lentitud dentro de mí, cuando todo a mi alrededor tiene un toque algo frenético. Es como si caminase al revés, contra toda la gente; es como si el despertar natural de la estación no funcionara del todo conmigo. ¡Es que parezco de otro mundo!, o al menos, de otro polo.
Extraño las noches largas y frías, el fuego abrasador de mi chimenea imaginaria y los paseos al atardecer a orillas del mar, cuando toda la playa me pertenece.

El Verano se me hace un reto de sobrevivencia cada año, pero también, admito, que es una lección muy importante sobre valorar el presente para mí, con todas las bondades que trae. Me enseña a apreciar las mañanas luminosas, los breves baños de Sol energizantes que me permito tener y, lo agradable que es contemplar la Luna por horas durante la noche, sin abrigo ni riesgo de resfríos. 
Es gratificante ver a los míos motivados, realizando planes y compartiendo alegres. Y me dejo contagiar por esa alegría, al tiempo que también la expando y multiplico. Es por ello, que intento involucrarme positivamente con este Verano, como si fuese un amigo con el que intento reconciliarme, abriendo los ojos ante sus características y regalos únicos, que más nadie puede ofrecerme.